martes, 31 de agosto de 2010

Fabulario interminable, cuento cerocomasiete: Cerdo peludo de muchas patitas, y volador.

Pero bueno. Cómo es posible. La Idea llega a un mundo lleno de dioses respetables, y ni saluda. ¡Qué vergüenza! ¿Verdad, Idea? Sí, ya se ruboriza toda su indefinible etereidad y se contrae drásticamente, siendo consciente de su desnudez, ¡de que no sabe cómo es!. Ésto en Arezos nunca le había pasado. Y si no sabe cómo es, ¿Cómo lo vamos a saber nosotros? Al fin y al cabo, no deja de ser una idea.

Espera... parece que ya empieza...

-Me llamo Toc Toc.

Se llama Toc Toc. Y es un samurái. No, un dzubit (espera... ¿Qué es un dzubit?). No, una sandía. Un cerdo. Un ratón. Á. Una ciudad. Un dios. Una...

¡No, para quieto! eso es. Eres un dios. Pero... ¿Qué clase de dios?

Un dios-samurái. Un dios-dzubit (pero qué es...). Dios-sandía. Dios-cerdo. Dios-ra...

Bien, vamos a dejarlo ahí, que nos eternizamos. Un dios-cerdo... peludo... con... ¡pero qué tienes ahí! ¿Por qué tantos... tantas... patitas? ¿Y las de arriba para qué sirven? Bien, bien, para, ¡para!, creo que ya es suficiente. Lo dejamos en volador, y no más.

Sólo tengo un par de preguntas que hacerte: ¿Por qué tienes un cojín en el morro? ¿? ¿Y por qué me estoy hablando a mi mismo en mis pensamientos como si fuera otra persona?

-Jijijiji...

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